ser en el mundo

18 agosto, 2010

Rosario Romero

“Cuando lo wichí  nace: semilla brotada, niño parido, es poco o nada todavía: pero cuando comienza a manifestarse: a echar hojas y raíz, mirar, reconocer a su madre, reír, caminar, hablar… va siendo wichí cada vez más; cuando da frutos, demuestra la plenitud de vida…”


Otra forma de vivir el mundo

Hay un pasado, no tan lejano, que se quedó con una parte de nuestra historia: la existencia de pueblos originarios.

Desde la primera mitad del siglo XVIII, el hombre originario, autóctono de nuestras tierras sufrió una desposesión material y espiritual con la llegada de los colonizadores; no sólo fueron dominados y muertos sino también privados de sus derechos más elementales: la propiedad de sus tierras, sus formas de organización, sus cultos, sus creencias, en una palabra, su forma de ser en el mundo.

Los ideales moderno-liberales de fe católica, razón instrumental y progreso fueron, para los europeos, los parámetros para considerar inferiores a los aborígenes. Y a partir de esta concepción, se consideró a todo aquel que se opusiera a esa forma de vida como una no-persona, como un bárbaro, como un salvaje que pertenecía a la naturaleza y no a la cultura humana.

Fue bajo ese proyecto de país que se llevaron a cabo campañas de exterminio de miles de aborígenes, y con ellos, sus visiones respecto del mundo fueron desterradas.

La identidad: una reconstrucción permanente

Prascedes Maza, es una respetable mujer de descendencia wichi. Hace 15 años que vive en la Ciudad de Córdoba, y está terminando la carrera de Antropología en el Instituto de Culturas Aborígenes de Córdoba (ICA). El tiempo en la ciudad, sin embargo, no le hizo olvidar la forma de vida que sus antepasados le enseñaron:

“Uno crece en contacto con la naturaleza, con los animales y las plantas; el hombre vive del hábitat. Las mujeres van al monte, juntan semillas y plantas para tejer y los hombres cosechan frutos y pescan. Crecemos en la tierra y vivimos de eso, la naturaleza nos da la vida y nos cuida, y cuando morimos, nos recibe. Es un círculo que nunca termina. Por eso, para nosotros es muy importante agradecerle a la pachamama y respetarla, saberla cuidar y cuidarnos de ella también”.

Éstas comunidades sienten un profundo respeto por la tierra, y por la naturaleza misma, no hay nada para su supervivencia que la vida natural no les brinde, y es por ella incluso que existen; por lo que el día de la pachamama es un día de festejo, en donde todas los miembros de las comunidades se reúnen y le dan de comer y beber a la tierra. ¿Por qué?: “porque para nosotros eso es una forma de vida, está dentro nuestro”

Para mantener esa forma de vida y poder perpetuarla, Prascedes pasa sus días entre el viejo telar de madera que tiene en su pequeño patio y su nuevo puesto de ventas en el Paseo de las Artes, donde comercializa algunas de las cosas que sus manos tejen.

Lo que Prascedes realiza es un trabajo artesanal puro. Uno de los procesos es el tejido wichí propiamente dicho, el cual comienza con la extracción de las fibras de una planta que se obtiene en el monte llamada chaguar. Se corta la planta, se le saca las espinas, se la pela y luego se la martilla hasta que la sabia sale de la planta y van quedando sólo las fibras. A esas fibras, Prascedes las expone al sol para que se sequen y luego las une de a dos formando los hilos para su tejido, y en ese mismo proceso realiza la torsión de esos hilos para darle más consistencia; el paso a seguir es el tejido mismo.  Existen variedad de diseños y cada uno posee significados únicos: la víbora simboliza la protección, el caparazón de la tortuga una vida mas larga, y así.

Otro de los procesos que Prascedes trabaja es el telar; que comienza con la esquila de la oveja o la llama. Antes de armar los hilos mediante un utensilio denominado uso, se tiñe la lana con pigmentos naturales obtenidos de semillas que se recogen del monte. Se realiza una segunda torsión de los hilos de lana conformando lo que sería la madeja.

No hay nada en estos procesos que no sea recogido u obtenido de lo que la naturaleza misma le brinda, para ella eso forma parte de su modo de vivir.

Prascedes tiene su telar enclavado en el suelo, en la tierra misma, y construido con elementos de la naturaleza como la madera y tirantes de cuero, y para ella tejer es una necesidad, se relaja, y a la vez es una obligación, porque vive de eso. Y esa es la parte que menos le gusta, porque como dice: “uno crece haciendo el trabajo con las manos, sin depender de nada, sólo del hábitat”.

Sus hijos no hablan la lengua materna, ella sí, y muy confiada en si misma, me mira y me dice: “Pero de grande van a hacerlo. Así como a mi tampoco nadie de chiquita me dijo que tenia que aprenderla, yo tampoco se los digo. Y sin embargo, la hablo”.

“Los originarios aprenden todo por repetición. Yo no me acuerdo cuando aprendí a tejer, pero de verlo a los abuelos, a tu madre de niña. Después simplemente lo haces, de verlo tantas veces lo sabes hacer. Es la forma de vida en la que han vivido nuestros ancestros”

www.rosarioromeropizarro.blogspot.com

3 Respuestas a “ser en el mundo”

  1. Gracias por compartir conmigo estos espacios Peti y Gime !!!!!!!!!
    Para los que compartan la visita, con Prascedes nos seguimos viendo, entablamos una amistad. Y eso fue lo mas rico del trabajo. Me encantó.

  2. Rosario el 18 agosto, 2010 a las 2:53 PM
  3. bueno.. pasaba por aca para ver si habia algo nuevo y no che!!! vamosss actualicen una notita!!! muy linda esta.. pero queremos masss!!!!

  4. alberto el 11 septiembre, 2010 a las 1:41 PM
  5. Recordar a quienes fueron nuestros ancestros en estas tierras es de por si valorable; pero si a eso le añadimos la sabiduria y el respeto que ellos tenian por la naturaleza hace de esta nota un llamado de atención a esta cultura que se mueve gracias al consumismo.- Ojalá esta Cultura pueda aprender a ser un poco mas autosustentable y respete la madre tierra, como principio y fin de nuestras existencias.-

  6. dante el 28 diciembre, 2010 a las 1:07 PM

 

dejanos algunas palabras :)