Después de la segunda guerra mundial el mundo quedó dividido en dos bloques ideológicos antagónicos. Con la derrota alemana en 1945 en manos de los aliados, los nuevos vencedores tuvieron que establecer pautas de convivencia para evitar la posibilidad de un nuevo holocausto. Así se repartieron la Alemania pos nazi en cuatro partes iguales entre Gran Bretaña, Francia, Estados Unidos y la URSS; mientras que su capital (Berlín) corrió la misma suerte. Pero pronto las diferencias ideológicas entre los nuevos dueños de Alemania se hicieron notar y para los ´60 las partes que correpondían a los intereses occidentales se unieron formando el bloque occidental o la Alemania del Oeste. En contraposición se alzaba la Alemania del Este, la parte que le correspondía a la URSS.
En 1961, se construye el Muro de Berlín, la expresión material de las divisiones existentes en el campo de la ideología. Primeramente fue una gran alambrada, para luego convertirse en un gigantesco muro de 48 km. de extensión; una barrera de ladrillos y cemento con vallas electrificadas y campos minados que dividía materialmente a los dos Berlín.
La construcción del muro implantó definitiva y materialmente guerra fría, un sistema de difíciles relaciones internacionales signado por la pugna política y económica para conseguir la hegemonía mundial. Guerra fría porque nunca jamás hubo enfrentamientos directos entre los bandos, sino que se trataba más bien de una competencia entre dos países pero que involucraba al resto del mundo: o eras de un bando o eras del otro. Así el mapa político del mundo mostraba un bloque occidental teóricamente asentado sobre la democracia representativa, la vigencia de los derechos humanos y una fuerte participación del sector privado en la economía. Los gobiernos del este se proclamaban marxistas-leninistas, con la economía fuertemente planificada y en manos del estado y todas las actividades políticas monopolizadas por el único partido autorizado: el comunista.
Este abierto enfrentamiento se verificó en la carrera armamentista que ambos países desarrollaron por aquellos años, el miedo nuclear que inculcaron en las sociedades y la carrera espacial (o la guerra de las galaxias). El campo de la comunicación, por ejemplo, es hijo de estos años, las TIC´S se desarrollaron fuertemente de uno y otro lado, con fines de espiar al país competidor o para fogonear la propaganda anticomunista y antimarxista que desde EEUU recorría el mundo entero.
Por esos años, fue también que EEUU se convirtió en el luchador máximo e incansable en contra del avance comunista, avance que llevó a este país (“la cuna de la democracia y el republicanismo”) a apoyar golpes de estado como el de Guatemala en 1954; el de República Dominicana en los primeros años del ´60; el apoyo a Duvalier en Haití que instaló una presidencia vitalicia en la cual el traspaso de mando era de padre a hijo; el golpe de Panamá en 1968; y finalmente el apoyo dado al plan cóndor en la década del ´70. Plan que las dictaduras del Cono Sur (Argentina, Chile, Paraguay, Brasil) aplicaron con la conformidad de EEUU y que sirvió para que sus servicios represivos coordinaran miles de secuestros y asesinatos de opositores políticos. Plan que tuvo su base sobre la llamada Doctrina de Seguridad Nacional impuesta desde Washington.
Del otro lado, en la potencia del este se comenzaba un proceso de desestalinización al denunciar el culto a la personalidad, las deportaciones en masa, las brutales purgas y los errores políticos y económicos de Stalin. Después llegaría el socialismo con rostro humano que nunca sería real, más tarde accedería Gorbachov al poder y su Perestroika. En el medio, se daría la Revolución Cubana, el hito latinoamericano que traería la “invasión comunista” cerca del Tío Sam y que llevaría a la crisis de los misiles en 1962.
Durante los años de la Guerra Fría, también pasó la Revolución Cultural China; la desintegración de Yugoslavia; se dieron los procesos de independencia en el África; la guerra de Vietnam; el surgimiento del movimiento hippie; el Mayo Francés y la Primavera de Praga; la aparición de la TV en color… etc., todos acontecimientos que se enmarcaron en la lucha de los bloques, pero por fuera de ellos, porque el mundo también en ese entonces se movía a su propio ritmo, pero lo único que primaba era la efervescencia ideológica y cultural que se sentía y palpaba en el aire.
El muro construido en Berlín fue derribado el 9 de noviembre de 1989. Entre 1989 y 1990 los países de Europa del este vivieron una autentica revolución democrática, alentada por el político reformista Gorbachov. El nuevo clima de distensión, la profunda crisis económica de las repúblicas populares, el envejecimiento de los jerarcas, el renacimiento del sentimiento nacional y la resistencia cívica de algunas organizaciones desencadenaron el fin de uno de los bloques.
A partir de entonces, de la década de los ´90 llegaron los procesos de apertura de las economías; flexibilización de los mercados; la globalización y el manejo del mundo a través de las grandes redes de comunicación. Ya no existían dos bloques, ni tampoco existían dos ideologías bien marcadas; las Doctrinas de Seguridad Nacional se encargaron de acabar con toda posibilidad de pensar diferente, mediante la implantación del terror, la censura y la desaparición como método. Con la caída del Muro se implantó un proceso de masificación que pretendiendo igualar a todos los pobladores del mundo, lo único que hizo fue diferenciarlos aún más.
Las diferencias se tienen que notar en las ideologías y no en el poder económico o de clase que alguien posea. Celebramos la caída de ese régimen que implantó años de terror ante la posibilidad de un estallido nuclear o la posibilidad de quedar aislado por simpatizar con uno u otro bloque. Pero también reconocemos que con la caída de uno de los bloques se masificó a la sociedad, somos todos un producto consumidor del mercado que no piensa por sí mismo, sino que lo hace en conformidad con el sistema con el cual le tocó vivir; nos hemos convertido en seres apolíticos, por miedo, porque no queremos involucrarnos, porque no queremos comprometernos.
Esto fue lo que dejó el muro. Tan simple y tan complicado.